A una semana de haber culminado la Copa Mundo de Futbol, la intención de FIFA por norteamericanizar el evento conlleva preocupaciones de todo orden. El marketing dispondrá.
Durante el espectáculo del descanso del último partido entre España y Argentina, cuando Madonna, de 67 años, apareció en las pantallas gigantes del MetLife Stadium con una minifalda, subida en un vehículo de color púrpura neón conducido por las leyendas del fútbol brasileño Ronaldinho y Ronaldo «El Fenómeno», era difícil no pensar: «Es divertido. ¿Por qué no?». Pero esa opinión es tan ingenua como quien recibe una pócima de sus captores por haberlo intoxicado «una gotita».
El mundial de futbol es para jugar el futbol, 90 minutos de futbol, alargue de futbol y extremo futbol en la definición desde el punto penal, ese es su atractivo sacro como último ritual de masas que atrae con decisión a toda la industria del entretenimiento que busca colonizar.
El futbol internacional es tan aceptado por que era anticomercial por diseño: dos tiempos ininterrumpidos de 45 minutos, sin pausas publicitarias, sin espectáculos no deportivos en el descanso. La esencia misma de la negativa del juego a detenerse era precisamente esa.
Lo que queda claro en 2026 es que la FIFA ya no respeta nada de eso. El futbol mundial se está transformando en «soccer». Es decir, se está americanizando por completo. Ya en vida, el argentino Diego Maradona predijo que «los estadounidenses quieren que el futbol se divida en cuatro cuartos de 25 minutos, por la publicidad».
Pocas observaciones casuales han resultado tan proféticas. Aunque muchos estadios estadounidenses cuentan con techos cerrados y aire acondicionado, el Mundial de 2026 introdujo «pausas para hidratación» en cada partido, una medida que la FIFA probó por primera vez en el calor de Brasil 2014 y que ahora se ha convertido en práctica habitual e incluso aburrida.
Las pausas no solo interrumpen el ritmo y la continuidad del juego, sino que también permiten que los entrenadores libren su importante papel, lo que hace que el deporte recuerde más al futbol americano, un deporte donde los entrenadores actúan como belicistas y el único jugador al que se le permite tomar sus propias decisiones en el campo es al mariscal de campo, que opera como un subalterno de campo. El futbol es casi lo inverso. Las tácticas importan hasta cierto punto, pero como admitió el galés Gareth Bale, “el Real Madrid ganó tres títulos de la Liga de Campeones de la UEFA con una mínima intervención táctica”. Más que cualquier otro deporte, el futbol es un juego de equipo orgánico donde la comunión física y psicológica de los jugadores en el campo decide el resultado. Sin embargo, esto cambiará después de 2026. Ahora los entrenadores pueden intervenir en la acción, al igual que en deportes como el baloncesto, el voleibol y el propio futbol americano; las zonas técnicas y de suplentes ahora están abarrotadas de asesores técnicos, físicos, médicos y pronto comerciales, rompiendo los límites de demarcación, pisan a su antojo zonas antes prohibidas, no es sólo intervención y confusión, el marketing hará su labor y el futbol en el renovado pasto hará que la experiencia sea menos orgánica y fluida.
El Mundial de 2026 también será recordado casi con toda seguridad como el torneo donde el VAR transformó el deporte en uno que ofrecía una respuesta al Gran Hermano. La docena de goles controvertidos anulados a posteriori en el torneo alimentan la americanización del deporte. Las revisiones de vídeo de las decisiones arbitrales comenzaron en el futbol americano de la NFL y se extendieron de ahí a la NBA. Y aunque la NFL ha mejorado recientemente su proceso, muchos aficionados y comentaristas de la NBA están tan frustrados con las interminables revisiones de decisiones triviales en su deporte que preferirían volver a los tiempos en que se aceptaba que se cometieran errores.
Ahora, en esta experiencia legítimamente estadounidense, la FIFA ofrece a sus aficionados lo peor de ambos mundos: revisiones interminables que anulan goles legítimos, además de una sospechosa reticencia a tomar decisiones que podrían perjudicar a jugadores destacados a quienes sus directivos quisieran impulsar. La FIFA ha priorizado el espectáculo rompiendo sus propias normas, el lucro con imposiciones a las aspirantes sedes y el amiguismo permitiendo la intromisión y cambio de decisiones juzgadas, todo, todo por encima de la esencia del deporte rey. ¿Qué hará el resto del mundo? Todos saben que el entretenimiento estadounidense devora en una sola dirección. Nada colonizado volverá a sus orígenes. ¿Los aficionados clientes estarán contentos con la evolución que se produzca a partir de ahora?




