Moscú asedia a Ucrania, otro intento para obligar a su rendición / Ucrania sufre temperaturas bajo cero, cortes de luz, edificios que se convierten en gigantescas neveras, apartamentos helados: los habitantes de Kiev están en medio de tres frentes de combates, los misiles de Moscú, el intenso invierno y la terquedad de Zelensky que sacrifica a su población / Rusia perdió la paciencia, los misiles Oreshnik y Geranius caerán sobre el resto de la infraestructura energética restante, el congelamiento será total.
20 °C bajo cero, supermercados cerrados, sistemas eléctricos colapsados; el Kremlin dejó el sentimentalismo y ordenó a la fuerza aeroespacial golpear el resto de la infraestructura energética de agua, luz y gas. Más de medio millón de ruso-ucranianos sufren las mismas dificultades que los habitantes de Kiev en la zona de conflicto; allí las ayudas rusas se multiplican. El régimen se refugia en sus bunkers, sabe que ya no tiene nada que perder; la medianoche se cierra y el mundo contiene el aliento.
Los ataques rusos con planes de emergencia invernal son masivos y decisivos; las ciudades de Járkov, Dnipropetrovsk, Krivói Rog y Odesa de alta población rusa están afectadas. Pero la peor situación se vive en la capital, Kiev; sus tres millones de habitantes enfrentaran una catástrofe humanitaria si se producen nuevos ataques rusos.
En todo el país los generadores de emergencia empiezan a ceder ante la falta de energía y gas; la gente camina contra el frío, las aceras se pierden en la espesa nieve y la sombría neblina confunde las calzadas. Nadie limpia la nieve, manuales generadores de emergencia vibran frente a las tiendas. Las notables casetas de esquina están oscuras y sin la habitual afluencia; no se puede preparar té o café. Las luces de semáforos e indicadores de temperatura apagados son el testimonio de la realidad hace días. No hay energía, los ascensores pararon y miles de personas están prisioneras en rascacielos; algunos otros han abandonado su hogar mientras personas mayores y con discapacidad se congelan.
El transporte público que depende de la electricidad, está paralizado y con ello el impedimento de acceder a mercados y otros servicios. La gente calienta ladrillos en estufas de gas y los envuelve en toallas, para luego usarlos como fuentes de calor en sus camas. En las calles, en algunos espacios sin nieve, se queman basuras y leña para calentar el momento. Alrededor de 300 bloques de apartamentos en Kiev ya no tienen calefacción y otro tanto apenas recibe mínimos de energía que son insuficientes.
Los ucranianos adinerados adquirieron generadores, estaciones de carga, baterías, velas y hornillos de camping. Los operadores de telefonía móvil están “obligados” a garantizar el funcionamiento de redes durante al menos diez horas al día, incluso sin suministro eléctrico externo.
El Estado estableció «puntos de intransigencia»: 1200 refugios de asistencia térmica en escuelas y oficinas gubernamentales; algunos ofrecen carga de teléfonos móviles y otros dispositivos las 24 horas del día, los 7 días de la semana, acceso a Internet o la oportunidad de calentarse con una taza de té o café. La flexibilidad del toque de queda nocturna que asiste hace meses permite acudir incluso durante las alertas antiaéreas; también pasar la noche.
El próximo ataque ruso a la infraestructura ucraniana es inminente; se pronostican heladas que durarán otras tres semanas. Es poco factible que Kiev supere la crisis actual antes de la primavera; también es muy probable que el régimen caiga y con él la guerra que Europa ha empujado hasta su confusión. ¿Sucederá muy pronto, quizás esta medianoche cuando los Oreshnik y los Geranius.




