A la dura crisis energética por la falta de gas ruso, la reducción en los niveles de viento complica la transición a un modelo de energías renovables.

Se ha reportado una caída en las corrientes de aire, una tendencia que se espera se mantenga en ciertas regiones al menos hasta el 2050 /LP7D/Sputnik/iberdrola
El diario Les Echos, informa que entre 1990 y 2020 las áreas del Mar del Norte, Escandinavia y Europa del Este reportaron una disminución de la velocidad del viento de entre el 5% y el 10%.
En Irlanda, el sur de Francia y la frontera alemana-checa también disminuyó la velocidad del viento, aunque en menor medida.
En contraste, en regiones como los Balcanes y en Turquía, el viento aumentó su velocidad entre un 5% y 15%.
La reducción promedio de la velocidad del viento ya se tradujo en pérdidas millonarias. La compañía danesa Orsted reportó durante 2021 una pérdida de 366 millones de dólares por este fenómeno, mientras que la firma alemana RWE informó que sus ganancias cayeron 38%, una pérdida también adjudicada a su unidad de energía solar.
En la actualidad, países como Dinamarca e Irlanda encabezan las naciones europeas con mayor uso de energía eólica, con un 44% y 31%, respectivamente. En otros Estados como Portugal su dependencia es del 26%; en España del 24%; Alemania, 23%; el Reino Unido 22%, y Suecia 19%.




