Se aproxima la reunión entre los presidentes de Rusia, Vladimir Putin y de EEUU, Donald Trump / el encuentro está confirmando sin fecha y lugar conocido / La agenda; la estabilidad global, el control de armas nucleares, la situación en Oriente Medio, Irán, BRICS, comercio y sanciones / después, poner fin a la guerra en Ucrania.
El enviado de Trump, Steve Witkoff, a Moscú produjo según él mismo citado, «un gran progreso». Se marca así un clima favorable al agresivo y amenazante léxico de Trump y las gélidas decisiones de Putin.
La diplomacia en Europa sigue recibiendo portazos, al fracaso humillante en la negociación arancelaria frente a EEUU, ahora el desconocimiento en la relación EEUU – Rusia.
Witkoff y el Kremlin lograron frenar lo que muchos temían y querían en Europa, una rápida escalada de las tensiones entre EEUU y Rusia, después de que Trump condicionara el 8 de agosto como fecha límite para que Moscú aceptara un alto el fuego en Ucrania. El asunto pasa por una concertación no por una imposición y asuntos más relevantes.
Tanto EEUU como Rusia moderan su actuar mientras sus aliados se silencian, esperan ordenamientos sin perjuicios. Las dos potencias nucleares saben de su protagonismo, sus necesidades de paz y la recomposición de su poder.
Trump no se someterá a perder. Putin está menos interesado en cortejar a los presidentes estadounidenses haciendo concesiones de gran alcance, consciente de que la política puede cambiar drásticamente con cada administración.
Moscú ha soportado tres años de sanciones severas, ahora calcula que Occidente se quedó sin herramientas para establecer estrategias geopolíticas mientras se reconoce el conflicto existencial ruso.
Trump se obliga a cambiar de estrategia, las férreas posiciones de los BRICS y el fracaso en Ucrania, han frenado su estrategia de dominio al recibir un contundente rechazo por parte de China e India de imponer aranceles del 100 % a las compras de petróleo ruso. La condición de Trump ha sido considerada como una violación a los derechos comerciales soberanos. Las represalias serán inmediatas y consecuentes. Las exportaciones de tierras raras y otras materias vitales para los sectores industrial y de defensa EEUU sería fatal.
Acercarse a Moscú es la salida más oportuna de Trump al problema que él mismo se ha impuesto; no tiene otra salida mejor, buscar una genuina y reconocida cooperación con Putin. Deberá abordar las demandas claves de Rusia en la guerra: reconocimiento formal de sus ganancias territoriales, garantías de neutralidad ucraniana (excluyendo la membresía en la OTAN) y la reducción del ejército de Ucrania a niveles que Moscú considere no amenazantes.
EEUU se apoya en el deseo del 70% de los ucranianos, según Gallup, de poner fin a la guerra. El deterioro ucraniano en el frente de guerra y la pérdida de confianza por las actuaciones anticorrupción de Zelensky que violaron las condiciones de la UE lo han roto.
Un posible acuerdo de alto el fuego implicaría la retirada de Rusia de los territorios actualmente ocupados a cambio del control formal de las partes restantes no ocupadas de las cuatro provincias del Donbás. Si bien esto detendría los combates activos determinaría un conflicto congelado e inestable, con toda la volatilidad del caso. Salvar vidas aquí sería lo determinante.
La reunión Putin – Trump sigue siendo débil, podría también no producir ningún acuerdo sobre Ucrania. Pero están obligados a solventar sus tensas relaciones bilaterales. El fracaso traería consecuencias gravísimas: aumento de las tensiones entre Rusia, China, India y Occidente y las esperanzas despedazadas para los ucranianos.




