Las guerras hacen lo más fácil, matar gente, sacrificar líderes; después todo es un desastre; detenerse a tiempo traerá la victoria. Cayó el dictador de Irán, el ayatolá Alí Jamenei. Pero qué tan admirable y positivo resulta para la libertad de 90 millones de iraníes. Las guerras de EEUU en Medio Oriente no terminan. Los objetivos parecen inalcanzables. Una cosa es tumbar regímenes y líderes; los éxitos estratégicos son otra muy distinta. Cuanto más se prolonguen los ataques, mayor será la probabilidad de que mueran estadounidenses y el país se vea arrastrado a una guerra de mayor envergadura.
La administración del presidente Donal Trump ha ofrecido varias razones para lanzar los ataques, pero ninguna que sea vital para la seguridad nacional estadounidense. No hay información de inteligencia que demuestre que Irán esté cerca de desarrollar armas y misiles capaces de alcanzar EEUU. El programa nuclear iraní ha sido «destruido», dice el presidente Trump. “EEUU no depende del petróleo de Irán ni de Oriente Medio”.
Trump necesita atribuirse la victoria más allá de haber asesinado a Jamenei y reducir la fuerza militar contra Irán. La experiencia estadounidense en Irak, Libia y Afganistán ha demostrado que eliminar líderes es la parte fácil; lo que sigue es lo que se convierte en un desastre.
Las contradicciones hoy entre Trump y su jefe de defensa, Pete Hegseth, parecieran demostrar que los objetivos no están alineados. Mientras Trump sugiere que los objetivos militares estaban “ampliamente logrados” y que la guerra podría estar terminando, Hegseth lo contradice afirmando que está lanzando su día de ataques “más intenso” y que no se detendrán hasta que Irán sea total y decisivamente derrotado”. Los medios en Occidente no muestran los embates de Irán sobre Israel y las bases estadounidenses en todo el Oriente Medio.
En el pasado los planes de la administración Bush en Irak, tras la caída de Saddam Hussein, todo fue una pesadilla para EEUU, una larga ocupación militar (las tropas estadounidenses permanecen allá hoy) y al ascenso del terrorismo ISIS, se volvieron problemas sin solución.
Después Barack Obama intentó una estrategia diferente en Libia. No fue por tierra, simplemente bombardeó desde el aire, como hace Trump hoy con Irán. Cayó el dictador Muamar el Gadafi, pero desató el caos y el país falló y se convirtió en un foco de terrorismo internacional. Hoy el mundo está atento a situaciones en Venezuela, Cuba e Irán que son un foco de escenarios probables de destrucción.
Irán podría sumirse en el mismo caos que Irak y Libia. Las décadas de represión son el mejor argumento de EEUU para impulsar una oposición organizada al régimen, que parece no existir. Ello llevaría intentos de violencia civil y apoyo a grupos terroristas en un intento por colapsar el régimen. Al igual que en Libia, el colapso del gobierno probablemente provocaría una guerra civil y un estado fallido, solo que esta vez se añadiría uranio altamente enriquecido.
Pero la caída del régimen, según analistas internacionales consultados por LP7D, pudiera provocar un gobierno más radical y de línea dura, la guardia Revolucionaria Islámica podría liderar. Existen indicios de una postura más dura que se demuestra con los ataques a países de Oriente Medio, a diferencia de la respuesta tardía en la Guerra de los Doce Días de 2025. Ahora la estrategia consiste en infligir daño a EEUU y sus aliados para que cedan.
Trump no se aparta de una invasión total de Irán, pero dice que necesita retirarse de la región; pareciera haber un indicador de que el presidente no idea de cómo terminar su guerra contra Irán, pero ¿sí sabrá qué hacer?
El año pasado, Trump prometió derrotar a los hutíes, pero supo que necesitaría tropas terrestres estadounidenses para lograrlo, rápido, con inteligencia total, declaró la victoria y un alto el fuego para poner fin al conflicto.
La muerte de Jamenei es una gran victoria que debe ser aprovechada, esa victoria, para poner fin a esta guerra. Los estadounidenses se lo agradecerán. Se lo van a reconocer en las urnas en las elecciones de noviembre, entonces esos indicadores de favorabilidad crecerán. Si es inteligente, como suele creerse, Trump debe detener esta guerra antes de que se convierta en algo desastroso que nadie, incluido el mismo, desea.




