EEUU lo ha intentado todo desde 1959; las predicciones sobre un colapso de Cuba no se han cumplido. Con Venezuela se abrió un nuevo camino de presión sobre la dictadura de los Castro que someten a 9.5 millones de habitantes de la isla a las peores condiciones de sobrevivencia.
La nueva doctrina del presidente Donald Trump, «Doctrina Monroe», modela la política estadounidense en Latinoamérica; EEUU reaprende la lección central del colonialismo: ningún pueblo quiere que extranjeros le digan cómo manejar sus asuntos. Pero la caída del dictador venezolano tiene inicialmente implicaciones directas sobre el régimen de Cuba.
La historia de Cuba en Venezuela inició con los extintos Hugo Chávez y Fidel Castro en 1988 y el lanzamiento socialista en Caracas; los dos hombres fijaron una estrecha relación que consolidó una alianza económica y de seguridad. La Habana remitió miles de profesionales médicos para atender el precario sistema de salud que Chávez impuso y que afectó a toda la población. Se pagó con petróleo venezolano barato. En 2002, tras intentos del golpe de Estado contra Chávez, Castro le organizó su seguridad personal junto a asistencia de inteligencia para prevenir cualquier situación de ataque. Hoy testimoniamos como la guardia pretoriana que Cuba prestó a Maduro cayó tan fácil como los pomposos anuncios de armamento sofisticado de fabricación rusa imbatible. Todo se derrumbó como una columna hecha con cartas de naipe.
El gobierno de EEUU hizo una jugada soberbia; el golpe sobre Maduro tiene directas implicaciones en Venezuela, Cuba y Colombia inicialmente. El costo es ahora muy alto para la interina presidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez. Ella es más consiente que el desafío a la autoridad de La Casa Blanca está descartado; el miedo mismo la impulsa a hablar de libertad y expresar desacuerdos bajo las tácitas órdenes de Washington. Se muestra enérgica, pero está con las manos atadas. El secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional de EEUU, Marco Rubio, está al frente del proyecto y una de sus exigencias impostergables es que Caracas rompa su relación de privilegio con La Habana.
“Los venezolanos tienen que declarar su independencia de Cuba. Ella, que intentó básicamente colonizarla desde el punto de vista de seguridad”, dijo Rubio. Vendrá el control a la distribución del petróleo venezolano, una «cuarentena petrolera», lo que le otorga a EEUU influencia total sobre el nuevo liderazgo venezolano. Nada de ese petróleo irá a La Habana. «Cuba vivió, durante muchos años, de grandes cantidades de petróleo y dinero de Venezuela», escribió el presidente Trump. «¡NO HABRÁ MÁS PETRÓLEO NI DINERO PARA CUBA! ¡CERO!»
El golpe letal, busca colapsar de una vez por todas al gobierno de Cuba que ha sobrevivido con dificultad desde 1990 tras el colapso de la Unión Soviética. “Quienes controlan Cuba deben tomar una decisión. Pueden tener un país real con una economía real donde su gente pueda prosperar, o pueden continuar con su dictadura fallida que conducirá a un colapso sistémico y social” dijo Trump, “Parece que se está hundiendo. No creo que sea necesario tomar medidas”, responde el presidente a si una intervención militar está en marcha sobre la isla. “No creo que se pueda ejercer mucha más presión que ir y arrasar con todo”, reiteró. Cuba, “se hundiría… por voluntad propia”.
Hasta 2020, 120 mil barriles de petróleo al día (bpd) se consumían en Cuba. El COVID-19, estancó la economía. En un rápido declive, pasó a consumir menos de 100 mil (bpd), muy por debajo de su necesidad económica y energética. Los apagones ahora son extremos; muchas regiones permanecen a oscuras mientras sectores de mayor movilidad tienen apenas de cinco a seis horas de servicio, escribe la prensa libre de la isla.
En 2015, Venezuela suministraba a Cuba más de 100 mil bpd; hoy esa cifra está entre el 75 % y 90 % menos. México, en acuerdo de intercambio de petróleo con La Habana, suministró a Cuba más petróleo en 2025 que Venezuela. Actualmente, La Habana recibe 13 mil bpd de México y 5 mil más de Rusia. Mientras Washington presiona la suspensión, la presidenta Claudia Sheinbaum califica los envíos de «ayuda humanitaria».
Para Cuba, reemplazar el petróleo que recibía de Venezuela es una acción imposible. La generosidad de aliados de La Habana no será suficiente; México, Rusia, Brasil, Angola, Argelia entre otros, responden a la súplica de la isla para que aumenten sus envíos y sus contribuciones, pero todo tiene un límite. Cuba no cuenta con el dinero para pagar importaciones adicionales de petróleo; es seguro que el pueblo cubano, está destinado a sufrir aún más.
«Cuba, una nación en decadencia en este momento, una nación en grave decadencia» insiste Trump, «Cuba parece estar a punto de caer». El senador Rick Scott anuncia: «Va a ser el fin del régimen de Díaz-Canel, del régimen de Castro; va a suceder», reafirmó. «Creo que probablemente sucederá este año, quizás el próximo. Va a suceder».
EEUU ha estado prediciendo el fin del gobierno cubano desde 1959. La equivocación de esas predicciones ha sido sistémica; si bien la desesperación económica es causa de descontento político, no ha generado automáticamente un movimiento de oposición capaz de derrocar al gobierno. Internacionalistas coinciden en que la oposición organizada en Cuba es más débil hoy que en cualquier otro momento y no representa una amenaza para el régimen.
Si cortar los envíos de petróleo venezolano no derriba al gobierno cubano, Trump podría ordenar medidas militares. Con Trump, ahora todo es posible, incluso atendiendo las razones que muestran que Cuba no es Venezuela. «Son gente dura», repite Trump, reconoce que Cuba ha desafiado las predicciones previas de colapso.
La pacificación y transición en Venezuela es probable que dé suficiencia a Trump para atreverse a un segundo proyecto.




