Una masa de bufones hizo de la Cumbre de Seguridad de Múnich un circo. Los líderes de Europa se mostraron tan perdidos que, al no saber cómo enfrentar la realidad que los devora, ofrecieron un espectáculo deprimente que evidenció el carácter pendenciero con el que destruyen su viejo mundo.
En la gravedad del momento, mientras miles de vidas se pierden en una guerra nutrida por la ineptitud y el abandono diplomático, aparentes alocuciones para la seguridad global se fundieron desconectadas de la realidad, la seriedad y la responsabilidad.
La cumbre no solo ofreció carencia de contenido estructural y una incapacidad para reflejar la gravedad de la situación, sino también una irrazonable descarga de majaderías impropias de un líder.
El senador de EEUU, Thom Tillis, lució calcetines con la imagen de Abraham Lincoln; alguien bajó la vista y descubrió lo que otros consideraron un mensaje directo en palabras del expresidente estadounidense: “Apoya a quien tenga razón” Apóyalo mientras tenga razón y apártate de él cuando se equivoque”. El mensaje de Marco Rubio más delicado que el de JD Vance en 2025 fue más contundente, se acabó, la hegemonía de EEUU se recompone sobre la espalda de sus aliados.
La frivolidad de los europeos quedó expuesta: “Cuando no tienes para ofrecer soluciones de paz, cualquier sandez vale”. El presidente de la cumbre, desde su saludo, expuso la limitada visión de Europa para enfrentar el momento, mientras EEUU golpeó con fuerza, la burla y chiste inapropiado fue su argumento.
La desintegración de la amistad entre occidentales es evidente. Los líderes europeos no saben cómo restablecer lazos, intentan independencia y se niegan a aceptar que están bajo la voluntad de Washington. Copiaron sin éxito la narrativa de “Rusia malo”, y ahora también se equivocan al desconocer a “American First”.
Europa se entretuvo en la tergiversación de la historia rusa y no se dio cuenta de que EEUU demolía el orden internacional, dejándoles sin opción. Aun así, insisten en negarlo, pero lo paradójico es que parecen felices, no creen que está sucediendo. En el canal “DQ hablan geo” se estableció una analogía con una escena de la película Titanic, la dramática imagen de la banda de músicos interpretando sin cesar mientras el barco se hunde.
El senador de EEUU Lindsey Graham prosiguió en el lenguaje de burla que Europa propuso; “Si están nerviosos, tómense una cerveza y vayan al médico”. Explicó la acción de Trump sobre Groenlandia con una lógica genial; “Nadie va a lavar un coche de alquiler; si EEUU no tiene control total y rentable, no gastará un centavo en cuidarlo o defenderlo”.
El presidente Trump ha sido reiterativo: “No invertimos en lo que no poseemos”. La mejor señal la provocó en la OTAN, impuso un precio que Europa se obligó a pagar. Groenlandia es la llave de ingreso al Ártico para EEUU y los recursos son una pieza de negocio, no un terreno de soberanía de la UE. Un desprecio a la pasada sensibilidad europea, derrumbada por su poder doméstico, ¿un insulto merecido en su propia casa?
Kaja Kallas, la canciller de la UE, apenas descompuso su rostro y entendió que, mientras el presidente Trump se vende como pacificador evitando hasta 8 guerras, Europa se hunde bajo su poder.
Kallas atrapada en su realidad de impotencia apenas expresó; “Cuando EEUU va a la guerra, no van solos, van con Europa, que pierde su gente; nos necesitan para ser una superpotencia”. Y la respuesta diplomática del embajador de EEUU ante Naciones Unidas, Mike Waltz, no se hizo esperar; le entregó una gorra azul con el lema “Mike the UN great again”, “Hagamos que las UN vuelvan a ser grandes”. El silencio de la líder fue el epitafio de la autonomía europea.
Y el cierre del circo de Múnich estuvo a cargo del presidente de la OTAN, Mark Rutte, el hombre más importante de Europa y del momento histórico y dramático de Europa. Inexplicable hasta para sus esbirros, sus seguidoras de prensa pagada no ocultaron su vergüenza. Rutte quiso explicar por qué llama papá a Donald Trump, resultó, pero su necedad lo hizo estúpido. Terminó el indeterminado ser con una delirante y penosa historia de quiromancia comunicada; dijo que un perro ucraniano le había mirado fijamente a los ojos y le transmitió telepáticamente el mensaje de que “Jamás se retiraría”.




