Son ahora tres semanas de la guerra en Irán que tiene afectaciones en la política exterior y la agenda interna del presidente Donald Trump. Trump, suele ser inmune a las repercusiones que otros políticos enfrentan, ahora pareciera acorralado ante el aumento del precio de la gasolina, la disminución de las reservas mundiales de petróleo y la creciente inquietud de los legisladores en el Capitolio sobre por qué EEUU necesitó bombardear Irán.
EEUU tiene muchos logros militares sobre los que presumir. El Pentágono, insiste en que los lanzamientos de misiles balísticos iraníes se han reducido en un 90%. Igual sucede con los drones y al menos 100 buques de la armada iraní han sido destruidos. La isla de Kharg, desde donde se exporta la gran mayoría del petróleo crudo de Irán, está en el punto de mira de la administración Trump, que busca estrangular aún más la economía de Teherán.
Irán no subestima la fuerza de EEUU y prepara taticas asimétricas para que la guerra sea lo más perjudicial posible para Trump, tanto económica como políticamente. Irán insta atacar las instalaciones energéticas del Golfo Pérsico, disuadir a los petroleros de utilizar el normalmente transitado Estrecho de Ormuz y elevar los precios de la energía para que los estadounidenses lo noten en sus bolsillos. Trump debe evitarlo a toda costa a menos de ocho meses de las elecciones de mitad de mandato.
Unos 100 petroleros están parados en ambos extremos del estrecho de Ormuz. La oferta mundial de petróleo disminuirá este mes hasta 8 millones de barriles al día dice la Agencia Internacional de Energía. El precio del petróleo mundial ronda los 100 dólares por barril.
Trump que ha sido un criticó acérrimo de su predecesor, Joe Biden, por la alta inflación y el elevado precio del combustible, estos acontecimientos resultan, incómodos. Funcionarios de la administración participan en programas políticos en un intento de tranquilizar a los estadounidenses asegurándoles que todo volverá a la normalidad una vez terminada la guerra.
Trump, se esfuerza por reabrir el estrecho presionando a todos, desde la OTAN hasta China, para que se involucren más. Estas peticiones han sido recibidas con escepticismo e indignación.
“Esta no es nuestra guerra; nosotros no la hemos empezado”




