Quienes hemos visitado Barranquilla en la última década coincidimos en los evidentes cambios que ha tenido la capital del Atlántico. Lo que alcanzan a ver los ojos de un visitante desprevenido es una urbe moderna, desarrollada, que luce orgullosa su posición geográfica privilegiada. La ‘arenosa’ debe su progreso, sin duda, a un poderoso clan familiar que ha ‘jugado’ en los terrenos de lo público y lo privado.

Laura Ardila Arrieta es una periodista que se ha dedicado a desentrañar los hilos del poder en la costa caribe colombiana. Su trabajo a lo largo de diez años en el portal La Silla Vacía le valió para dedicarse, los dos últimos, a escribir un libro que revelaría la historia de la familia Char detrás del complejo entramado contratista que armaron, el cual se ha extendido a todo el departamento, y los tentáculos que ha tejido con la clase política de esta región. Los ojos de Ardila, a diferencia de los del visitante, han ido más allá de lo que el paisaje ofrece.
Todo estaba listo, hace dos semanas, para que La costa nostra se fuera a impresión, luego del debido proceso de edición, sin embargo la reportera recibió una noticia inesperada por parte de Planeta, el sello editorial bajo el cual el libro saldría a circulación: los españoles recomendaron no hacerlo para evitar posibles demandas posteriores.
El texto, ‘curado’ por Juanita León, la curtida directora de La Silla Vacía, puesto en consideración ante un grupo jurídico, que anticipó la posible reacción del poderoso clan pero que declaró la correcta sustentación argumentativa de la investigación periodística, así como la descripción como ‘joya del periodismo’ por parte de la directora de la editorial en Colombia, resultó censurado. A Planeta solo le alcanzó para desearle suerte a la cronista.
Ardila estará, con libro o sin él, en la próxima Feria del Libro de Bucaramanga, Ulibro, en agosto próximo, en donde conversaremos sobre este vergonzoso episodio de censura el cual pone de manifiesto los largos tentáculos, al mejor estilo de la mafia, que estos clanes tienden con el poder. De esos mismos crecen silvestres en Santander.




