22 días de guerra en Oriente Medio y pocos tienen certeza de lo que acontece. Comunicaciones viciadas con propaganda de ambos bandos mantienen en una permanente confusión informativa que apenas vislumbra una certera visión económica.
Los precios de barril de petróleo mueven el mundo, su permanente fluctuación y el afán de los mercados por estabilizar deja en claro que EEUU aún no ha terminado, que Irán es mucho más complicada, que Israel es el foco incendiario, que los Emiratos están sufriendo graves consecuencias, que Rusia es un ganador, que la UE dividida intenta mostrarse digna pero que las consecuencias anunciadas desde la OTAN la hacen recular, su desobediencia les ha durado horas, ya están volviendo por EEUU, sin EEUU Europa es nada.
El Pentágono hace un día reveló la cifra esperada: 200 mil millones de dólares que el departamento de defensa espera que el Congreso apruebe para cubrir los costos de la última aventura estadounidense en Oriente Medio. Dos veces y medio aproximadamente el valor que Ucrania requiere para su sostenimiento hasta 2027. Un 25 % adicional a su presupuesto de EEUU.
Además del billón de dólares que la administración del presidente Donal Trump ya ha destinado al presupuesto de defensa este año, una solicitud de 200 mil millones de dólares adicionales puede parecer desorbitada.
El principal factor que impulsa este costo exorbitante son las municiones utilizadas en ataques ofensivos. Los misiles de precisión más avanzados empleados en la campaña estadounidense contra Irán cuestan al menos un millón de dólares cada uno, y algunos pueden mucho más. El misil Precisión Strike Misiles, lanzado desde tierra, cuesta 1,6 millones de dólares, mientras que el costo de un misil Tomahawk supera los dos millones. Las armas menos sofisticadas pueden rondar los 50.000 dólares cada una, pero estas generalmente requieren que los bombarderos y cazas puedan sobrevolar directamente sus objetivos. El Pentágono afirma haber lanzado ya unos 15 mil ataques, cada uno de los cuales puede utilizar varias municiones. A estos precios, el costo de reemplazar las municiones gastadas, que probablemente ahora asciende a decenas de miles, supondrá una factura considerable.
El presupuesto de defensa de EEUU se sitúa en torno a los $832.000 millones de dólares, consolidándose como el mayor del mundo. Este gasto, destinado a operaciones militares, tecnología y tensión geopolítica, representa más de la suma de los siguientes diez países en gasto militar.
Medios de EEUU informaron que los primeros siete días las operaciones militares habría superado los 6.000 millones de dólares, mientras que algunos legisladores en Washington manejan cálculos internos que sitúan el gasto diario entre 1.000 y 2.000 millones de dólares.
El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) estima hasta hoy 3.100 millones de dólares en munición.
Un misil Tomahawk puede costar entre 2 y 3,6 millones de dólares, los drones MQ-9 Reaper rondan los 30 millones por unidad, mientras que interceptores antimisiles THAAD alcanzan los 12,8 millones cada uno. Pero el peor costo está en la destrucciones de bases vigilantes, interceptores y orientadores destruidos por drones iraníes que no superan los 5.000 dólares y han dejado ciego a la marina y la aviación de EEUU.
Los gastos operativos del despliegue militar: cerca de 50.000 soldados en la región, operaciones aéreas que superan los 30 millones de dólares diarios, es decir 660 millones hasta ahora y la presencia de dos portaaviones cuyo funcionamiento puede costar más de 13 millones de dólares al día es decir dos mil ochocientos millones de dólares. Si el conflicto se prolonga, algunos analistas de defensa advierten que la factura total podría acercarse o incluso superar los 100.000 millones de dólares.




