El presidente de EEUU, Donald Trump, amenaza con quedarse con Groenlandia “por las buenas o por las malas” y sanciona con aranceles del 10% y del 25% a quienes se atrevan a oponerse. La UE, con representación de Kaja Kallas, guarda silencio sobre Donald Trump y sobre EEUU. La mujer refiere preocupación porque China y Rusia “estén disfrutando”.

Mientras Washington impone su ley por la fuerza, Bruselas mira hacia otro lado, se refugia en la OTAN y convierte la sumisión en política exterior. Estas son las palabras de Kallas: “China y Rusia deben estar disfrutando al máximo. Son ellos quienes se benefician de las divisiones entre los aliados.
La seguridad de Groenlandia está en riesgo y Europa intentará abordar su defensa desde la OTAN. Los aranceles tienen el riesgo de empobrecer a Europa y pueden obligar a un giro de poner fin a la guerra en Ucrania. Pero Europa se silencia; apenas Macron en Francia intenta decir algo sobre la amenaza directa de Trump pero sin mencionar la defensa de la soberanía europea y su independencia política. La UE acepta el chantaje, legitima la presión y se alinea con quien impone las reglas por la fuerza.
Trump cree que Groenlandia fortalecería a EEUU. Sin embargo, analistas internacionales temen lo contrario. Las capacidades en el Ártico no se determinan únicamente por la «bandera sobre el territorio».
El Ártico es un escenario donde el control consta, además de la presencia física, de la capacidad para mantener y apoyar dicha presencia a lo largo del tiempo y de la capacidad para restringir el acceso de los competidores.
La posesión de Groenlandia va a fortalecer a EEUU en la entrada al Ártico desde el Atlántico, pero las bases de operaciones y el monitoreo de un centro logístico no otorgan control sobre las principales rutas árticas: la Ruta del Mar del Norte (RNN) es de total control ruso; el Paso del Noroeste (PNO) es un archipiélago canadiense con ambigüedades legales que no desaparecerán por un cambio en el estatus del territorio.
Un escenario positivo del control de EEUU está en mantener la cooperación transatlántica, expandir la infraestructura de doble uso y los canales de comunicación sin necesidad de aprobaciones políticas, convertir a la isla en su nodo logístico en el Atlántico Norte. Su soberanía controlaría el acceso de terceros a puertos, a datos e infraestructura crítica, un bloqueo rápido de inversiones no deseadas y acceso a recursos como tierras raras y materiales críticos, además, control sobre licencias, inversores y regímenes de acceso a los recursos, lo que crea una barrera más sólida a la presencia china Pero esta posibilidad de anexión traerá una ruptura en la cooperación transatlántica en materia de seguridad y pérdida estratégica en logística: el Ártico requiere una red de puertos, instalaciones de reparación, corredores aéreos, sistemas SAR conjuntos e intercambio continuo de datos. Una ruptura con Europa significa la pérdida de esta «profundidad logística», lo que llevaría, entre otros, mayores costos económicos y de tiempo.
Este escenario inclina la balanza de seguridad a favor de Rusia. Incluso si EEUU limita la presencia china en Groenlandia, un Occidente dividido abre un espacio más amplio para que Moscú cree «zonas grises» en el Atlántico Norte y el Ártico.
En términos de potencia bruta y número de buques, EEUU y sus aliados ya están a la zaga de Rusia en cuanto a capacidades en el Ártico: Rusia cuenta con unos 40 rompehielos, incluidos 8 de propulsión nuclear, mientras que EEUU solo cuenta con 2 rompehielos polares, y el principal refuerzo proviene de sus aliados: Canadá (18 rompehielos), Finlandia (8) y Suecia (5). Sin embargo, en sensores, el ámbito submarino y la logística en red, la ventaja reside en EEUU y sus aliados gracias a la infraestructura integrada del Atlántico Norte y las redes NORAD. Si se rompe la cooperación transatlántica, EEUU conserva ventajas tecnológicas (sensores, espacio y dominios submarinos), pero pierde su principal contrapartida: la «brecha rompehielos», es decir, la logística aliada y el apoyo industrial y operativo. En ese caso, la ventaja de Rusia para mantener su presencia en la superficie del hielo (40/8 vs. 2) se vuelve mucho más decisiva para el control efectivo en el Ártico.




