Las grandes potencias buscan crecer siempre su gran influencia regional. EEUU una vez definido el asunto a su favor en Medio Oriente y Ucrania viene por Venezuela, los riesgos no están ausentes.
Las esferas de dominio proceden de la naturaleza misma de los Estados y de sus relaciones internacionales. EEUU, es el gran influenciador y “protector” de América. Busca asegurar sus intereses ejerciendo influencia sobre sus vecinos, y cuanto más poderoso sea el Estado, mayor será la influencia que buscará.
La caída de Venezuela es lo menos importante para el poder de EEUU; la verdadera consecuencia está en haber cortado de un solo tajo la influencia china y rusa que, en los últimos 20 años, hicieron multimillonarias inversiones, préstamos y creciente comercio desde la dictadura de Hugo Chávez.
La estrategia de EEUU en su esfera de influencia varía en espectros de amenazas, mesura relativa y excesos, humanidad y crueldad, presión discreta e intimidación abierta, inteligencia y estupidez; Trump en América establece condiciones para Venezuela, Colombia y México ante inquietantes signos de declinación y dejó sin reacción a Brasil el gran representante de los BRICS.
Trump vuelve por la Doctrina Monroe como elemento central de la política exterior y de seguridad estadounidense. La determinación previa de excluir a los imperios extranjeros se transformó en una determinación de impedir que los estados del hemisferio occidental se unieran a alianzas militares y políticas hostiles.
La estrategia de EEUU en América se vuelve absurda en la postura de la OTAN y Europa con respecto a Ucrania; “cada país tiene derecho a elegir sus alianzas internacionales” y ningún otro país tiene derecho a veto al respecto. En América la gran mayoría de estados ha pasado de la sangrienta colonización española a la insalvable dominación de Washington.
El implacable objetivo estadounidense de impedir una presencia militar hostil en las Américas ha sido perseguido tanto por administraciones republicanas como demócratas; y aunque el resultado para las poblaciones de la región fue a menudo una opresión y un sufrimiento monstruosos, esta estrategia logró excluir a posibles adversarios militares de la vecindad. Ningún gobierno latinoamericano hoy en día fantasea con invitar a China o Rusia a establecer bases en sus territorios. Pekín y Moscú tampoco aceptarían tal invitación. Todos saben muy bien cuán feroz y abrumadora sería la respuesta. La última acción contra el dictador Nicolás Maduro provocó reacciones en contra por considerarse vulnerada la soberanía del país. En América, las declaraciones en contra de los presidentes de México, Colombia, Nicaragua, Cuba, Brasil entre otros contrastó con la alegría de millones de venezolanos en su país y millones que vagabundean sin hogar por el mundo, directos afectados de las violaciones del régimen de Chávez y Maduro. La diplomacia entro en acción cuando Donal Trump aceptó hablar con Gustavo Petro, el estadounidense le desarticuló una manifestación y un discurso incendiario, al final Petro dislocó en su intervención, cambió su retórica contestataria y de rebeldía por una vía de entendimiento, docilidad y obediencia. En México las escazas palabras de Claudia Sheinbaum han rondado por la necesidad de mantener el respeto soberano sin trascender a otros temas. “en una semana Trump se sacó de encima a dos belicosos mandatarios, Maduro y Petro”
EEUU, utiliza repetidamente una supuesta amenaza china para argumentar políticas que favorezcan sus intereses; la intervención en Venezuela, si bien beneficia a sus petroleras, el principal objetivo fue el de sacar a China del mercado petrolero. La entrada en funcionamiento de infraestructuras operativas de EEUU en la fuente petrolera venezolana tardará años, quizás décadas; lo importante es que han provocado una enorme pérdida al impulso económico chino.
Trump ha declarado que EEUU «gobernará Venezuela»; no busca invadir y ocupar Venezuela. El “secuestro” del presidente Maduro se hizo con la intención de atemorizar y someter al régimen. Regula relaciones con Colombia y México mientras corta las importaciones de petróleo a Cuba y con ello obligar a su rendimiento por hambre.
Trump corre riesgos; la considerable merma en ayudas a la región y las diferencias ideológicas han lanzado a gobiernos aliados a los brazos de China. EEUU fue el mayor socio comercial e inversor en Sudamérica en el siglo XX, ahora China también ha incrementado considerablemente su papel en toda América con oportunidades para resistir la presión económica estadounidense; y si EEUU intenta destruir vínculos vitales con China, podrá generar una reacción que socavará o incluso destruirá su esfera de influencia.




