¿Qué clase de perversos prefieren la guerra? El Nuevo plan trazado por EEUU y Rusia pretende ser destrozado al negarse una nueva posibilidad de paz / La UE intenta estropear sino la propuesta hasta que resulte inaceptable para Moscú / Mientras tanto la destrucción y muerte junto a medio millón de desertores y la permanente perdida de territorio en Ucrania son devastadores.
Estos “matones” tienen un patrón familiar y desalentador que están esgrimiendo en las capitales europeas tras la presentación de un plan de 28 puntos para alcanzar la paz en Ucrania por parte del presidente de EEUU, Donal Trump. Los “europeones” como se les conoce a los lideres de la UE después de la cumbre de Alaska, ahora están alabando públicamente los esfuerzos de Trump por poner fin a la guerra, mientras maniobran para sabotear cualquier iniciativa que se desvíe de sus objetivos maximalistas de capitulación total de Rusia en Ucrania.
La reacción europea a la propuesta de Trump ha sido rápida y reveladora. Algunos medios pro otanistas, citan a los saboteadores Keir Starmer, Friedrich Merz y Emmanuel Macron, que se han unido rápidamente a Zelensky en el rechazo de elementos clave del plan de Trump. Según se informa, están desarrollando una contrapropuesta mucho más acorde con la postura de Ucrania.
Mientras tanto, la alta representante de la UE para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, con su tenebrosa estrategia para lograr la paz con una simplicidad devastadora: primero, debilitar a Rusia; segundo, apoyar a Ucrania. Eso es todo. Gran cosa, ¡que brillante! Nunca se les ocurre a los “lideres europeones una vía de escape diplomática, una visión para una futura arquitectura de seguridad europea, o incluso un reconocimiento básico de los compromisos necesarios para detener las matanzas en este «plan de paz».
El rechazo instintivo de los políticos europeos al plan de Trump, tachándolo de «capitulación», es erróneo. El experto Mark Galeotti nos informa que, si bien el plan está «mal redactado e incompleto», «no es un simple llamado a la capitulación ucraniana» y «como punto de partida para algo que pueda detener la matanza, es prometedor».
La cuestión territorial probablemente sea la más espinosa de negociar. En cambio, la exigencia de que Ucrania renuncie a su membresía en la OTAN no debería ser un factor decisivo: los líderes europeos que ahora se oponen al plan de Trump saben perfectamente que Ucrania no se unirá a la OTAN, en parte porque ellos mismos no han mostrado disposición a luchar directamente por ella.
Las disposiciones del plan 28 para salvaguardar los derechos de las minorías y religiosos de diferentes grupos en Ucrania han encontrado objeciones. Sin embargo, el plan estipula explícitamente que los parámetros para la realización de dichos derechos se basarán en los marcos de la UE, no en imposiciones unilaterales rusas. Además, como sociedad multiétnica y multirreligiosa, la protección de los derechos de las minorías es una inversión a largo plazo en la seguridad de Ucrania y debería ser bien recibida por quienes afirman ser sus partidarios.
Fundamentalmente, esta posible apertura diplomática no surge de una posición de debilidad rusa. Putin ha declarado que su dinámica actual está llevando al logro de los objetivos de Rusia por medio militares. Pero igual no ha descartado oportunidades y está dispuesto a negociar.
Europa se enfrenta ahora a una dura disyuntiva. Puede continuar con su rumbo actual: ridiculizar el plan, incitar a Kiev a inyectar veneno, presentar sus propias contrapropuestas irrazonables y esperar hundirlo dentro del propio Washington.
Los “europeones” juegan con fuego, ¿Qué pasaría si Trump, combinando presión y persuasión, convenciera “obligará” a Zelensky – como en marzo pasado con el acuerdo de tierras raras — debilitado por asuntos de corrupción a aceptar que el plan es la única opción para Ucrania? Si Kiev se une y Moscú participa, Europa corre el riesgo de quedar completamente excluida del acuerdo que ponga fin a la mayor guerra en su continente en décadas. Al no ofrecer una alternativa creíble más allá de más guerra, su influencia se evaporaría y se vería obligada a cumplir con los términos de un acuerdo en cuya elaboración no participó.
Por ahora un acuerdo serio y duradero parece imposible por la conducta de Europa, negándose a ir más allá de una estrategia limitada a debilitar a una parte y armar a la otra.
Europa se esfuerza por socavar el plan y con ello, no está protegiendo a Ucrania; la está condenando a un mayor derramamiento de sangre y a sí misma a la irrelevancia estratégica. En este momento, la alternativa al plan defectuoso pero real de Trump no es un mejor acuerdo; es meramente una guerra sin fin, y Europa sobrellevará sola las consecuencias.




