Davos es una feria que se repite año tras año, el negocio de una familia en el mismo teatro, la misma obra, una estafa para mundo, una feria de vanidades sin contenido definido en donde se habla de todo y se define poco o nada /La localidad suiza se lleva jugosos dividendos turísticos por estos días en la que más de 1.200 aviones privados aterrizan llevando los actores de una agenda que incluye alrededor de 2.500 personas entre jefes de Estado y de gobierno, CEOs de empresas, líderes de la sociedad civil y miles de personas que acuden al servicio necesario; cocineros, periodistas y prostitutas.
Mundial /LP7D/
Davos, es un cantón suizo con calles peligrosamente lizas y en donde un café no propiamente colombiano cuesta un ojo de la cara, lo demás todo, vale una fortuna.
El frio se pierde en la gran casona que es un enjambre de humanos deambulando en busca de su aula, todo parece un desorden incomprensible y un murmullo de lenguas indescifrables en cientos de mesas en las que se interviene.
Aparecen los rostros diarios de la televisión mundial, se ven más ajados, son reales y sin máscaras, pero quieren estar allí porque es su vanidad. Es el lugar en donde rara vez se oye una idea innovadora o humanitariamente viable.
Este año lo más impactante y positivo lo ha marcado el enviado chino Li Quiang que ha dado una lección al multilateralismo depredador de occidente. El multilateralismo no funciona bajo las reglas que define uno con complicidad de otros.
Lo más negativo ha sido la patética intervención como es ya costumbre de Ursula von der Leyen, “hay que luchar contra la desinformación”, “les voy a dar una noticia verdadera, Rusia no está logrando ninguno de sus objetivos, es más sumar a Ucrania será un hito en la historia”, toda una salvajada atentatoria a la libertad y el libre pensamiento. Ella intentó cargarse la libertad con un pensamiento único impuesto que quiere obligarnos a seguir.
El periodismo en Davos oficia por montones desde una gran sala en la que se escuchan confidencias y especulaciones siempre con una fuente política o económica que buscan sólo protagonismo. La mayoría de los medios están subsidiados y van allí para replicar los caprichos y las invenciones de sus jefes ricos que están allí mismo con el misterio de todos, ¿porque se vienen a semejante lugar frío e inhóspito? Es un negocio de la familia alemana Schwab y las elites del mundo. La membresía al foro ronda los 85 mil dólares anuales.
Antes de pandemia Davos era el escenario del capitalismo emprendedor y negociante con apoyos a millones de personas en todo el mundo de la pobreza.
Davos hoy es un escenario anacrónico y perverso donde el capitalismo se ha rendido a las élites que ahora hablan de todo y de nada, con un interés marcado por ahogar al mundo libre.
Las reuniones empresariales se realizan entorno al super lujo de la fina cocina y la buena compañía, ejecutivos como cientos de mujeres contratadas como compañía y venidas de Estados Unidos y Europa pueblan los alrededores de Davos con todo tipo de servicios, incluidos los sexuales y desde allí nos tratan de convencer de que la gente importante hace negocios, fija estrategias y establece vínculos.
En Davos los ejecutivos noveles, periodistas pagados, jóvenes servidores sexuales y los oportunistas, todos con un inglés magnífico, se gastan los ahorros de los próximos años sin saber sin vendrán, pero es la oportunidad de cruzarse con alguien multinacional al que se saluda y se pueda embaucar.
Todos se sienten poderosos, volverán a sus orígenes sin ideas novedosas, Davos es la repetición de un circo que cambia de payasos, pero mantiene su función de pompa y vanidad. El show continúa su lucro para el pronazi Klaus Schwab y su familia.

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