El presidente de EEUU, Donald Trump, debería declarar la victoria y retirarse. Trump ha dado 48 horas a Irán para que abra el estrecho de Ormuz o iniciará una destrucción total de las estructuras energéticas de Irán / Irán ha respondido que no habrá interpretación posible sobre su respuesta / Esta es una guerra no ganable
Los actores de la guerra, desde diferentes portales y canales independientes de información, con analistas e investigadores probos e incondicionales, muestran posiciones acertadas de parte y parte. EE. UU. no va a ganar esta guerra contra Irán. La buena noticia debería ser que no es necesario hacerlo.
La amenaza de destrucción de Irán conduce a la destrucción directa de más de mil millones de habitantes en todo Oriente Medio; los tintes son inimaginables, funestos y tristes: el colapso humanitario por radiación nuclear, hambrunas, violencia, migración, inseguridad, sequías y sin asistencia de salud, una pobreza multidimensional. Irán como nación posee una identidad inentendible en Occidente que la lleva a desafíos para preservar su ordenación política teocrática y su soberanía milenaria. Una ideología religiosa y una identidad persa que son la razón de ser de su seguridad nacional ante sanciones y conflictos.
Occidente empieza a entender que no existe una razón válida para más ataques israelí-estadounidenses. La seguridad de EEUU no requiere nada nuevo de Teherán: ni el cambio de régimen, ni acuerdos nucleares, ni un país militarmente debilitado que el propio Secretario de Defensa de EEUU vende como el objetivo. EEUU puede simplemente parar, como en Yemen hace meses, declarar una victoria falsa y hasta matricularla como incondicional rendición que el mismo presidente Trump está exigiendo.
Cierto es que EEUU se va y el conflicto no va a terminar. Israel seguirá atacando y cada vez aprovechando para “tomar” más territorio en el Líbano como en la ya sustraída Cisjordania. Pero ese no es problema de EEUU, el único perjuicio que Irán está causando a los estadounidenses es obstaculizar los envíos de petróleo y, por consiguiente, disparar los precios de la gasolina. Una retirada de EEUU detiene esa situación y los intereses estadounidenses se verán beneficiados. Y si la retirada de EEUU no es suficiente, Washington puede obligar a Israel a detenerse también. Fin del asunto; lo que realmente es incomprensible es que, mientras Trump declara su victoria, busque con amenazas la inclusión de otras naciones que en este caso no tienen ninguna condición militar posible.
Trump ha prometido no iniciar una invasión, pero ahora mismo tropas aerotransportadas acuden a la región con bombas antibúnker, algunos inquietos admiten creer que el presidente no está enterado de todo y se sigue una línea del mal marcada en otros por el «hijo del demonio» Lindsay Graham.
Las fuerzas terrestres de Irán son poderosas y competentes y tienen en la mira los activos al otro lado del golfo. Irán ha pasado los últimos 20 años preparando el terreno, pero más aún a su gente, que no cesa noche tras noche de ponerse en las calles sin el menor temor por la lluvia de impactos que caen, dice el profesor Seyed M. Marandi, experto negociador del equipo nuclear iraní que ha estado caminando esas calles atiborradas de gente.
«El mundo es arrastrado al desastre por la arrogancia de occidente y el eurocentrismos similar al sionismo que insiste en pregonar «nos mantenemos más alto y vemos mas lejos que cualquiera» y eso les impide ver el final del colapso dice el profesor Marandi.
«no hay mucho optimismo por líderes sin carácter y sin brújula moral capaces de llevar al mundo por un camino de paz, son días oscuros, pero para acabar el imperio del mal debe haber resistencia, todos los imperios son malvados y este cuando caiga creará esperanza para el futuro, pero lamentablemente como no aceptan su decadencia será doloroso para todo el mundo» nos explica Marandí.
Cumplido el plazo de Trump a Irán, el problema de la guerra será de otro, será de todos.




