¿Yo,bien gracias y usted?

CAVILANDO

Columnista - 17 de Enero de 2020 a las 10:09

¿Yo,bien gracias y usted? laprensa7dias.com/ ERNESTO CABRERA TEJADA

ERNESTO CABRERA TEJADA

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Somos en la evolución del sapiens perfectos, pero en los imaginarios que seudo sociedades han impuesto nos hacen ver de otra manera. Pero el hombre es el hombre.

A esas imposiciones se ha llegado por la negligencia de muchos y el avasallo de pocos, sinembargo todos somos iguales.

No referencio persona indiferente al servicio y al bienestar. Sólo se aboga por que estos fluyan en las condiciones del Ser. Cuando exigimos debemos dar, es más difícil dar que recibir, pero quien aprende a dar aprende a recibir.

Ahora que he transitado en unos días kilómetros de este país que nos correspondió, la trasformación es evidente, el caos pareciera reinar en tantos lugares por el intenso tráfico humano y sus maquinarias de movilidad y el ofrecimiento comercial que enloquece, pero aun así queda tanto por conocer, admirar y disfrutar. Pero lo mejor que sentí es que también hemos crecido en servicio.

Ahora y siempre somos una sociedad que se deleita sirviendo, aprender a hacerlo bien es un motivo de vida. La respuesta a un servicio debe ir más allá de dar las gracias, debe generarse una experiencia de satisfacción y reconocimiento.

Y esa “experiencia” de un momento han fijado con o sin justicia el reconocimiento a una región, una ciudad y sus gentes. Algunos se adelantaron y justificaron su servicio a través de bellas y melodiosas eslogan que también en otras ocasiones no lo justifican.

En la tierra de Dios, Mompos, que es pequeño, cálido, polvoroso y de vestigio colonial, están sus iglesias y esta su gente que irradia servicio en sus respuestas y ofrecimientos.

El servicio no requiere una definición, sólo debe dejarse sentir, oír, oler, ver, escuchar…

Rogelio, es un comisionista de viajes en planchón por el rio Magdalena frente a la histórica y bella población de Santa Cruz de Mompos. Merodeó mi mesa dos o tres minutos y sólo cuando hube de sonreírle se me acercó, mi sonrisa ahuyento su miedo y con su miedo no iba a servir.  Fue como otras, una grata experiencia sentida desde muy adentro de mí, ya había pasado años atrás orientando un grupo de profesionales docentes universitarios.

El miedo se confunde con el respeto y cercena condiciones de afecto, todos hemos tenido miedo alguna vez, miedo a perder, al abandono, al devenir, a morir. Pero también adjunto hace años aprendí a vencerlo en uso de fortaleza de servicio, trato cada día de tener mejores palabras y actos, a no molestarme por lo que los demás puedan decir o pensar de mí, pero sobre manera a aplicar un gran esfuerzo por servir con una sonrisa, que a veces con tan cara dura, cuesta.

Sentí escuchando a Rogelio ahora convertido en guía por el parsimonioso brazo momposino del gran rio magdalena, que se me henchía el pecho de felicidad, estaba con mi esposa y mi hijo en un anhelante momento natural pero mi felicidad llegó más allá, -no eran ellos y mi hija ausente que son buena parte de la razón de mi vida, la otra gran parte soy yo- fue el momento de encontrar y comprender que, como usted, soy un ser de servicio, provocador de emociones y de bienestar con sólo un contacto sensorial que todos tenemos.

El miedo hecho terror lo viví hace años en la propia punta de Bocas de Cenizas en Barranquilla, allí donde las aguas se levantan metros por alcanzar el cielo y la furia de la mar impide el avasallo de la fuerza del rio, pensé en Dios y aún no logro escribir lo que sentí, pero fue algo más allá del miedo.

Al terror no sabría cómo vencerle, pero como civilizados en avance le hemos dejado a un lado, no nos corresponde y combatimos el miedo con la fortaleza del servicio.

Al retornar con la rica experiencia a mi ciudad de residencia, un hombre me esperaba, Alvarito, un amigo y servidor que atento estuvo en la ausencia y gracias a él pude estar tranquilo, gracias a su servicio pensé en quedarme por donde fui, pero siempre quise regresar porque él ha sido un bastión de servicio que apacigua los temores del ir y volver.

Rogerio y Álvaro no se conocen, pero hacen lo mismo en la distancia, sirven y lo mejor les gusta servir y ser servidos, aprendieron a correr sus miedos y contribuyen con hacer feliz a los demás haciéndose felices ellos, De nosotros depende ser y hacer feliz a los demás.

Así empezando este 2020 ¿yo bien gracias y usted? Espero que igual.

 


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