Melancolía por Camilo VI

Empezó siendo un ídolo y acabó siendo un fenómeno, entendiendo por fenómeno cualquier manifestación inmaterial, cosa o suceso que que se percibe a través de los sentidos y lleva a turbaciones extremas.

Social - 8 de Septiembre de 2019 a las 00:00

Melancolía por Camilo VI elmundo.es/. El cantante, durante un concierto.

Digo pues que Camilo Sesto empezó siendo un ídolo, sin reunir condiciones para ello.

Pertenecía a la cantera de esos cantantes levantinos que se familiarizan con la música cuando están en el vientre materno y durante la infancia desarrollan un chorro de voz que les catapulta enseguida a la fama. Fue el caso de Nino Bravo, Bruno Lomas y, entre otros, Camilo Blanes, a quien un lumbrera del marketing y la publicidad le puso un nombre artístico con eufonía de Papa que nos traía confundidos a todos.

El caso es que muy pronto alcanzó el éxito, logrando redondearlo a primeros de los 70 con una magistral interpretación de Jesucristo Superstar en el teatro. Fue la única vez que lució barba. Menuda se armó. Al pobre le perseguian las mujeres por todas partes. Una pesadilla. Por suerte para él, cuando acabaron las representaciones, adoptó un look Llongueras que le permitió moverse con más soltura en su identidad sexual.

A Camilo Sesto le había nacido un niño pocos años antes. Miento. A quien le había nacido fue a una mexicana, de nombre Lourdes Ornellas, en cuyo vientre puso él una semillita una noche que jugaron a papás y a mamás. El caso es que Lourdes tuvo un niño y Camilo lo mantuvo (económicamente). Se llamó Camilín.

Con él en España, la pequeña familia hizo lo que pudo. O sea, más bien poco. A falta de madre, Camilo tenía una hermana que le lavaba la ropa y lo colmaba de mimos. Pero aquella extraña familia quebró pronto. Influido seguramente por parte del entorno que lo rodeaba, la hermana salió tarifando y Camilo se vió solo con Camilín, de quien se sentía más hijo que padre.

Poco a poco, Camilo VI fue quedándose aislado en manos de sus administradores y secretarios. Es una imagen que se ha repetido bastante en la famosfera nacional (Encarna Sanchez, Lina Morgan, etc. Al final, en estos últimos años, la imagen de Camilo era la del fenómeno que eligió ser: un cantante en silla de ruedas, con pelucón acorazado y rostro de vieja estrella, bisbiseando sus éxitos por los adentros. De todo su repertorio me quedo con Melancolía, una bellísima balada que producía efectos terapéuticos cantada a pleno pulmón en una noche de farra.

Camilo VI, ya retirado, recibió ofertas varias para que acudiera a las televisiones a contar su vida y a tararear viejos triunfos. Por suerte le quedaba un punto de lucidez y no se prestó. O se prestó lo justo para darse cuenta de que le tomaban el pelo.

Coincidió ese rebrote de la figura de Camilo con el éxito de sus viejas canciones. No era un éxito buscado, pero sonaba con contundencia en todas las barracas de feria. Así llegó 'Melancolía' a las nuevas generaciones. Por la senda de los borrachos. Así nos quedamos todos en esta mañana de luto: melancólicos y otoñales.