Los superhongos, una nueva y misteriosa amenaza para la salud mundial

La expansión del superhongo resistente 'Candida auris' por los quirófanos de todo el mundo se convierte en un nuevo quebradero de cabeza para los científicos por su elevada mortalidad.

Salud - 7 de Septiembre de 2019 a las 00:02

Los superhongos, una nueva y misteriosa amenaza para la salud mundial Cultivo en el laboratorio de una cepa del superhongo 'Candida auris'. SHAWN LOCKHART

elmundo.es

Una amenaza contra la salud de humanos, animales y cultivos ha ido creciendo silenciosa a lo largo de las últimas décadas. Cada una de las grandes familias de hongos -CryptococcusPneumocystisAspergillus y Candida- causa cientos de miles de muertes al año, hasta un total de 1,6 millones en todo el mundo, según cifras del Fondo de Acción Global para las Infecciones Fúngicas (GAFFI). Casi tantas como la tuberculosis, la infección bacteriana más letal en la actualidad. Y la aparición de nuevas cepas, resistentes a uno o varios fármacos antifúngicos, complica aún más el futuro de la lucha contra estas enfermedades.

«La dimensión del problema ha sido poco reconocida y subestimada, pero el riesgo que supone para la salud humana y para la seguridad alimentaria es grave e inmediato», afirma Matthew Fisher, profesor de Salud Pública en el Imperial College de Londres y primer autor de un estudio sobre la creciente presencia de hongos multirresistentes en pacientes y cultivos, aparecida en una edición especial de la revista Nature. «La amenaza que supone la resistencia a los antimicrobianos está demostrada en las bacterias, pero se ha descuidado en gran medida en los hongos».

Es el caso de Candida auris, un superhongo descubierto en 2009 y que ya ha causado víctimas en cuatro continentes. Y España ha sido uno de los países más afectados: más de la mitad de los casos registrados en Europa han ocurrido en nuestro país. El mayor brote en España ocurrió entre 2016 y 2017 en el Hospital Universitari i Politècnic La Fe de Valencia: más de 40 pacientes desarrollaron infecciones en un periodo de sólo 10 meses. Un año después los médicos del centro valenciano analizaban el episodio en un artículo científico publicado en la revista especializada Mycoses. En él describen un hongo que ataca a pacientes que ya sufrían dolencias graves y que presenta una importante resistencia a los antibióticos; dos elementos que explican su elevada tasa de mortalidad (41% en los primeros 30 días). Se estima que existen alrededor de 1,5 millones de especies de hongos, aunque la mayoría aún no han sido catalogadas por los científicos. Sólo unos pocos cientos tienen la capacidad de sobrevivir en el cuerpo humano. Al situar nuestro cuerpo a 37 grados la evolución nos ha protegido de la mayoría de ellas. El resto, en condiciones normales, son bloqueadas por nuestro sistema inmunológico. «Muchos hongos, como algunas especies del género Candida, forman parte de nuestra microbiota natural, en la piel o en las mucosas del tracto intestinal», explica Óscar Zaragoza, investigador del Instituto de Salud Carlos III y autor del libro Los hongos microscópicos: ¿amigos o enemigos?, (Ed. Las Cataratas).

LA ENFERMEDAD DE LOS ENFERMOS

«Pero cuando nuestras defensas bajan tienen oportunidad de replicarse, diseminarse por el organismo e invadir nuestros órganos». Las infecciones fúngicas son, en cierta manera, las enfermedades de los enfermos. Por eso es habitual que los brotes ocurran en centros médicos. «La mayoría son oportunistas, afectan a pacientes que ya tienen algún factor de riesgo, principalmente defectos en el sistema inmune», señala el investigador.

Además las micosis y las infecciones bacterianas pueden manifestarse con síntomas similares, lo que hace que sean difíciles diagnosticar, una circunstancia que lleva a algunos autores a sospechar que su incidencia en todo el mundo es aun mayor de lo que se supone.

En Valencia el brote pudo ser controlado y ningún paciente ha desarrollado infección a lo largo del último año, pero en otras regiones del mundo los casos están aumentando. En Estados Unidos C. Auris ha causado casi 600 víctimas en los últimos cinco años. El diario The New York Times publicó esta primavera una serie de artículos en los que acusaba a los centros hospitalarios de Europa y Estados Unidos de crear «un clima de negación y secretismo». El diario norteamericano sostenía que estos centros -incluido La Fe- habían hecho lo posible por mantener el problema oculto al público, ya que «estaban preocupados por la imagen del hospital».

Desde el centro levantino niegan que hubiese ninguna voluntad mantener oculto el brote y aseguran que «se aplicó el protocolo habitual en estos casos y fue comunicado a la dirección general de Salud Pública de la conselleria de Sanitat Universal i Salut Pública de la Generalitat Valenciana. Además señalan que «se informó a todos los medios de comunicación que se interesaron por el tema, incluido el The New York Times» y que si un caso similar se produjese en futuro aplicaría exactamente el mismo procedimiento.

EL ABUSO DE LOS FUNGICIDAS

Tal vez el misterio que rodea C. auris esté relacionado con lo poco que se conoce sobre su origen y propagación, dos elementos que actualmente son objeto de una intensa investigación. Catéteres,termómetros y otros elementos del material sanitario han sido señalados en diferentes artículos científicos como posibles vectores de contagio, una vez estallan los brotes. Tampoco está clara su procedencia, aunque los científicos coinciden en señalar que la utilización excesiva de fármacos y fungicidas en el ámbito sanitario y agroalimentario ha favorecido su desarrollo y que el comercio global ha favorecido su expansión territorial.

«Las moléculas de algunos de los fungicidas son muy similares a las utilizadas para tratar a los pacientes, por lo tanto para mantener su eficacia es importante evitar su dispersión por todo el medio ambiente», explica Stephan Bretagne, profesor de micología molecular en el Instituto Pasteur de París. «Las autoridades ya son conscientes del uso intensivo de los antifúngicos en la agricultura y se están eliminando gradualmente».

Pero las infecciones causadas por hongos no sólo afectan a la salud humana, también lastran los cultivos mundiales y están diezmando a las poblaciones de anfibios en todo el planeta. Las dos principales enfermedades del trigo, la septoriosis y la roya negra, ambas de origen fúngico, estarían reduciendo la producción mundial en un 20%. Eso significa que con las pérdidas que ocasionan se podría alimentar a 60 millones de personas. Lo mismo ocurre en el arroz, la soja, el maíz y las patatas. «Si estos cinco granos sufrieran una epidemia simultánea, el 39% de la población mundial vería amenazada su seguridad alimentaria», advierte Sarah Gurr, del Departamento de Ciencias Vegetales de la Universidad de Oxford, coautora del artículo publicado en Nature.